El poder sanador de las amistades a partir de los 60 años

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Tener buenos amigos es beneficioso a cualquier edad, pues nos mantiene activos física y mentalmente. Sin embargo, a medida que se envejece esas amistades pueden marcar una verdadera diferencia. A partir de los sesenta años, tener amistades mejora la calidad de vida de las personas.

Y es que, según investigaciones recientes, el sentimiento de soledad que se deriva de no tener amigos puede provocar depresión y el agravamiento de otras enfermedades, aumentando el riesgo de morir antes. Socializar mejora el estado de ánimo y estimula las habilidades cognitivas, haciendo que estas se mantengan saludables durante la vejez.

Si has sobrepasado la sesentena y cuentas por lo menos con una persona que te entiende, a la que puedes contar cualquier cosa, estás de enhorabuena, ya que ese simple, pero importantísimo hecho, es suficiente para ayudar a prevenir la depresión o la demencia. Un estudio realizado en Holanda concluyó que las personas de la tercera edad que se sienten solas tienen 1,6 más probabilidades de contraer demencia.

No obstante, los expertos advierten de que no vale cualquier tipo de amigo, sino que la reciprocidad es muy importante. Una amistad beneficiosa es aquella en la que damos lo mismo que recibimos, es decir, donde hay un equilibrio y ninguno de los dos se sacrifica más que el otro. Las dos personas deben ofrecer su hombro cuando la otra lo necesite y llevar a cabo acciones para conservar la relación, como llamar por teléfono y proponer planes del gusto de ambos.


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